[ANÁLISIS] Lollapalooza Chile 2019 es la versión más sub 30 del festival

[ANÁLISIS] Lollapalooza Chile 2019 es la versión más sub 30 del festival

A lo largo de su historia en nuestro país, el evento se ha dividido entre la nostalgia y el público juvenil. Esta vez apostó con todo por estos últimos. 

Por Matías de la Maza. 

En la mayoría de sus ocho ediciones en nuestro país se pueden encontrar en el line up de Lollapalooza tres tipos de artistas. Por un lado están los contemporáneos; esos que están haciendo ruidos actualmente y que, sobre todo, mueven al público juvenil o al adulto joven. Por el otro están los masivos, con un estatus casi legendario, y que por sí solos podrían llenar el Parque O’Higgins, incluso cuando, generalmente, son artistas que no son exactamente vigentes; dígase Pearl Jam, los Red Hot Chili Peppers, Foo Fighters, etc. Y, por último, están los nostálgicos: en cada Lollapalooza Chile se pueden encontrar un número que si bien no podrían llenar estadios, tienen un público que lleva décadas esperándolos: Duran Duran, Robert Plant, y más.

Los carteles del festival han solido representar sus dos espíritus: una mezcla entre el pasado y el presente, la inmortal música del ayer y los nuevos nombres que han llegado a disputar el trono. Pero en su versión 2019, la apuesta (casi total) por este segundo grupo es evidente. Es cosa de ver sus tres cabezas de cartel, que por primera vez desde el debut del festival en 2011, no asoma ningún nombre noventero: esta vez es el turno del rapero Kendrick Lamar, los británicos de Arctic Monkeys y el dúo Twenty One Pilots. Todos con carreras que empezaron este siglo, y de hecho, dos de tres lo hicieron esta década.

En los lugares de avanzada del line up, sólo figura un nombre que podría ser considerado de “nostalgia”: Lenny Kravitz. Y a pesar de que los mejores años del norteamericano efectivamente se quedaron en los 90, tampoco es que su figura evoque un fanatismo férreo en el público chileno, como lo han hecho números como Soundgarden y Nine Inch Nails. Tiene una batería de hits que será un placer escuchar en vivo, pero no pareciera ser el nombre que logre movilizar en masa al fanático que bordee los 40 años.

En cambio, en el cartel abundan los nombres modernos, varios predilectos de la crítica y otros muy populares entre los adolescentes: a los mencionados cabezas de cartel se suman nombres como Sam Smith, Post Malone, Tiësto, Steve Aoki, Years & Years, Greta Van Fleet, Rosalía y más. También algunas joyas que pueden apostar a un público más transversal, como Jorja Smith y St. Vincent. Pero una mirada rápida al cartel deja una conclusión clara: es el cartel más sub 30 de un festival que hace varias ediciones ya ha apostado por conquistar cada vez más al público juvenil.

De los 90 a los centennials 

Tras sus primeras ediciones, más de uno se podría haber acostumbrado e interpretado (erróneamente) que Lollapalooza llegaba a Chile como un festival de nostalgia noventera. Sus primera edición, en 2011, si bien fue encabezada por el rapero Kanye West y el grupo The Killers, ambos números modernos, por lo menos en ese momento, también abundaban los números que apostaban por un público más adulto: Deftones, Janes Addiction, Cypress Hill y The Flaming Lips.

Pero ya para segunda edición, la cosa se empezó a equilibrar: por cada artista que representara más al rock tradicional, como Foo Fighters, había uno que representaba a una camada más indie, como MGMT, o derechamente un DJ furor entre los jóvenes, como Skrillex. Se empezó a percibir una brecha generacional en el público del festival (se empezaron a vivir las primeras quejas en redes sociales por lado y lado criticando los gustos del otro), y de ahí cada versión siguiente sería analizada bajo la lógica de cuál grupo etario salió ganando.

Por ejemplo, 2013 fue quizás el año más cargado al rock de guitarras: Pearl Jam, Queens of the Stone Age, A Perfect Circle, Tomahawk, Alabama Shakes y The Hives estuvieron entre los artistas más destacados. Pero también fue el año en que la música electrónica demostró su arrastre cuando se decidió que el DJ Deadmau5 tocara en uno de los escenarios principales.

Luego, 2014 y 2015 marcaron el choque de los dos mundos, una suerte de transición equilibrada para el festival, intentando darles en el gusto a todos: por un lado, Soundgarden, Nine Inch Nails, Red Hot Chili Peppers y Jack White, por el otro, Arcade Fire, Ellie Goulding, Vampire Weekend, Kings of Leon y Calvin Harris.

Pero el público juvenil, que prácticamente en todo gran festival a nivel mundial es el grupo más apetecido, terminó por imponer sus gustos a partir de 2016. Artistas como Eminem y Metallica aparecieron principalmente como excepciones, mientras la tónica eran Djs y estrellas modernas como The Weeknd. Este año, cuando el evento aumentó su duración a tres días, echó mano de nuevo a viejos conocidos, como Pearl Jam y Red Hot Chili Peppers, pero principalmente para asegurarse que el Parque O’Higgins estuviera lleno frente al desafío de partir por primera vez un día hábil (viernes).

Ahora, Lollapalooza vuelve a consentir al grupo que pareciera haber ganado la pulseada por capturar la esencia del festival. Y sí, Lollapalooza Chile es principalmente un evento juvenil pero, ¿Es eso algo malo? Si bien esta vez el evento apostó por lo contemporáneo, lo hizo respetando una máxima que se ha mantenido prácticamente en todas sus ediciones, que es ser lo más ecléctico posible. Arctic Monkeys es un grupo que puede satisfacer el paladar de los rockeros, mientras que Twenty One Pilots probablemente moverá en masas a los adolescentes. Mientras, Kendrick Lamar encontrará probablemente un punto medio: lo suficientemente popular entre los jóvenes, pero también respetado por cualquier melómano. El rapero tendrá sólo 30 años, pero es uno de los artistas que está haciendo la música más interesante de esta década, y para apreciar eso no se necesita límite de edad.

Incluso entre sus números menos convocantes (en el papel), el festival se anotó más de un golazo: St. Vincent (que ya estuvo en 2015), viene con un disco extraordinario (Masseduction, 2017) y la española Rosalía, con su mezcla de flamenco y música urbana, es una de las artistas que más dará que hablar en los próximos años (vale la pena darle una oportunidad a su segundo disco, El Mal Querer, publicado este mes). También hay espacio para curiosidades que de seguro atraen un público transversal, desde Américo a Juanes.

El juicio final sobre el cartel siempre dependerá de a cual de sus espíritus uno se ha sentido históricamente más a fin. Pero si Lollapalooza 2019 apostó fuerte por sólo uno de ellos, el vaso mediolleno es que el otro bando, si es que se deja conquistar, podrá encontrar más de una cosa rescatable en la música de ahora. Y ya será el turno del regreso de los números más clásicos: Lollapalooza es un evento cíclico, y sabe que necesita de sus dos públicos para existir.