RESEÑA: ¿Qué hacemos con Charly García?

RESEÑA: ¿Qué hacemos con Charly García?

El músico argentino protagonizó un improbable regreso a Chile con entradas agotadas y emociones desbordadas. Pero ¿cómo es verlo en vivo a estas alturas? ¿Qué queda del genio de Charly? Esto fue lo que vimos.

Por Ignacio Lira

Nadie podría decir que no fue avisado. Sabemos de la vida y la obra de Charly García desde siempre. Cada uno de sus aciertos y caídas ha sido tan público como sus consecuencias. El maestro del rock latinoamericano sigue improbablemente vivo. Casi sin voz. Caminando apenas. Pero vivo. Considerando su historia y la posición que ocupa en el arte de hacer canciones, eso ya es suficiente para un público devoto que repletó en tiempo récord el Movistar Arena… simplemente para verlo. Porque eso era. Ver al genio como fuera, porque está aquí todavía y queríamos asegurarnos.

Eso significa “bancarse”, como dicen los vecinos, lo bueno y malo que implica la situación actual. “Rezo por Vos” sólo la cantó la gente. Nada que hacer. Uno de los coros en “Cerca de la Revolución” fue extirpado completo, imposible saber si a propósito. Su posición en el escenario, de lado y hundido tras un gran sillón, lo hizo invisible para una parte del recinto. Mal gesto de la producción con una audiencia que respondió tan bien, agotando cada una de las sillas del lugar. El sonido fue de menos a más y con los himnos que faltaron podríamos llenar varios párrafos. Es verdad, no estuvieron “Los Dinosaurios”. ¿Nos amargamos? Son cuarenta años de música para elegir.

Navegando en ese abrumador catálogo, hay que moverse con estrategia, rescatando lo que a estas alturas se puede ejecutar sobre el escenario. La banda que hace rato lo acompaña hace fluir todo sin problemas, como musicalizando los clásicos del cine que sirvieron de apoyo en las pantallas: Psicosis, El Resplandor, King Kong, Toro Salvaje. Donde no llega la garganta de García, ahí está la solvente Rosario Ortega con los coros y la carga principal en varios pasajes del concierto. Cuando no alcanzan los dedos del teclado, aparece presto el “Zorrito” Fabian Quintiero y sus bien ganadas credenciales en el rock argentino.

Los espacios vacíos que dejó la autodestrucción se completan de varias formas: a veces con otros talentos, otras con emoción pura. Como cuando el Arena se viene abajo con el “olé olé” y el semblante del músico se llena en una larga sonrisa. También le queda algo de ese humor afilado y juega a despedir la noche en la mitad del show. El viejo Charly no se enoja más, ahora se conmueve en varias ocasiones. Y eso conmueve de vuelta, cuando escuchamos la voz dañada luchando para imponerse en una gran versión de “Nos siguen pegando abajo”. O en los momentos sobrecogedores de “Ojos de Videotape” y “Asésiname”. Verlo en vivo parece, como en esa letra, amor a cuentagotas. Pero es amor, finalmente.

¿Qué hacemos, entonces, con Charly García? ¿Qué le podemos pedir hoy? Para los miles dispuestos, querer lo que aún hay. Lamentar y perdonar lo que se fue. Y otra cosa: diluir con algo de fe las sospechas de que ésta era la última vez. Tras el fervor queda una sensación interesante: después de todo, no vino a despedirse.