[CRÓNICA] Lorde y MGMT rescataron a Fauna Primavera

[CRÓNICA] Lorde y MGMT rescataron a Fauna Primavera

El evento realizado el sábado en Espacio Broadway contó con uno de sus mejores carteles, pero también enfrentó problemas de sonido y de servicios.

La neozelandesa y los norteamericanos brillaron en un festival donde también actuaron Javiera Mena, Death Cab For Cutie y At the Drive-In.

Por Matías de la Maza. 

Sentada a al borde del escenario, Lorde parece realmente emocionada con las muestras de cariño que recibe de las primeras filas. La neozelandesa argumenta que “ya no es una estrella de pop”, entonces está sorprendida de la afectuosidad del público chileno, a pesar que ya han pasado casi cinco años de su única visita previa (en Lollapalooza 2014), para la cual tenía sólo 17. 

Por supuesto, la cantante nacida como Ella Yelich-O’Connor exagera. Es una estrella pop por donde se le mire. Pero el fondo de su discurso se entiende: no es la típica estrella de pop. No es intercambiable con ninguna figura de su generación, ni si quiera diez o 20 años mayor. La visión de Lorde del pop es más cercana a Peter Gabriel, David Bowie y, sobre todo, a Kate Bush. Sus canciones pueden ser masivas, pegajosas y oreja, pero están llenas de detalles y un espíritu vanguardista. Por algo el mismo Bowie (uno que sabe), la describió como “el futuro de la música”. 

Tras ese discurso, Lorde demuestra su punto: se lanza con Writer in the Dark, una de las canciones más especiales de su segundo disco, Melodrama (2017). La canción sobre la sanación de un corazón roto se divide entre los versos casi susurrados y un coro de agudos imposibles. Una verdadera proeza vocal, sólo acompañada de piano, y que a pesar de su carácter atípico, la cantante logra que el público nacional coree.

Era pasada la medianoche en Espacio Broadway; el número de cierre de los escenarios principales del festival Fauna Primavera 2018. Y fue sencillamente perfecto, incluso dentro de sus problemas (el micrófono se le apagó a la cantante en la tercera canción). Por una hora y cuarto (que podrían haber sido más, pero la joven de 22 años sólo tiene dos discos), la voz de Royals presentó un show redondo desde la cuidada estética visual, con coreografías y cuerpo de baile incluidos, hasta una interpretación que tenía la jerarquía de una artista con más trayectoria.

La voz tuvo un balance a la perfección: sin ripios, hasta el punto de sonar idéntica a los discos, pero al mismo tiempo extremadamente apasionada, para sentirse en directo. Fue el único show que pudo congregar la atención casi total del público presente, que volvió a presentar el comportamiento por el que tanto se les critica: el asistente a Fauna Primavera suele ser frío y a veces hasta irrespetuoso con lo que sucede sobre el escenario, hablando a viva voz mientras se presenta un artista. Lorde fue lo suficientemente cautivadora para romper la tendencia.

La neozelandesa cerraba así de forma alta una jornada irregular (por lo menos en los escenarios principales, porque la fiesta seguía hasta la madrugada en el sector de disco). Porque si bien Fauna Primavera, en su octava edición, contaba con uno de los carteles más sólidos que haya tenido, la ejecución fue problemática en más de un sentido. 

El sonido fue un problema constante durante la tarde. Ya se notaba en Javiera Mena, que sonaba bastante menos potente de lo que podría, sumado a un show algo tibio que se sintió fuera de lugar en un escenario de festival y a luz de día. Se esperaba más de una artista que pasa por uno de los mejores momentos de su carrera. Pero el punto peak fueron los norteamericanos de At the Drive-In, que debió afrontar fuertes ráfagas de viento, provocando estragos en el sonido. El bajo de Paul Hinojos y la guitarra de Keeley Davis simplemente no sonaron, y el enérgico show que los de Texas montaban sobre el escenario pasó a ser tedioso después de unos minutos.

Tampoco pudo brillar Death Cab for Cutie, que presentó similares problemas de sonido en un comienzo (de hecho deteniendo el show por varios minutos). Sólo cerca del final los de Ben Gibbard pudieron alcanzar la energía que se esperaba del debut de la banda en Chile, aunque con la sensación de gusto a poco.

Pero no significa que sólo Lorde haya brillado. Justo antes, MGMT presentó lo que es probablemente su mejor show en Chile. El grupo pareciera haber aprendido de sus ripios en vivo (algo monótonos y con una ecualización al debe), y presentó un concierto sólido, lleno de matices y manejando los ritmos a la perfección. El grupo saltó sin inconvenientes entre el synth pop de su primer álbum a la psicodelia de sintetizadores de su más reciente trabajo, el muy interesante Little Dark Age. Incluso se dio el gusto de interpretar esa odisea de pop progresivo que es Siberian Breaks, de 12 minutos. MGMT no se despeina al minuto de exigir a su audiencia, una propuesta que se agradece.

Los dos últimos shows de la noche casi hicieron olvidar las fallas más molestas del festival. Casi, porque es difícil obviar lo en deuda que quedó el evento en materia de servicios, sobre todo en las comidas. La oferta gastronómica era escasa para la cantidad de público en Espacio Broadway, provocando extensas filas en el mínimo espacio que se destinó a saciar el hambre. Cada foodtruck tenía una espera entre una hora hasta más de dos horas, por lo que comer implicaba perderse un show completo sobre los escenarios. Una falla que debería estar más que superada para un festival que va en su octava edición.

MGMT y Lorde se encargaron de redimir una jornada que podría haber sido para el olvido. Pero es imposible separar esos shows, por más extraordinarios que hayan sido, del contexto general del festival. Un cartel del primer nivel merece una jornada de primer nivel, y Fauna Primavera 2018 no siempre estuvo a la altura.