Las imprecisiones científicas e históricas de la serie Chernobyl

Las imprecisiones científicas e históricas de la serie Chernobyl

La miniserie de HBO se ha ubicado entre lo mejor de la TV este año gracias a su impresionante reconstrucción del desastre nuclear soviético, pero entre sus logros también hay hechos que nunca ocurrieron así.

Pocos habrían pensado a comienzos de año que el fenómeno televisivo del año sería una miniserie de cinco capítulos sobre Chernobyl. Pero la serie homónima ha conquistado tanto a la crítica como a la audiencia, siendo una de las producciones más analizadas y comentadas de las últimas semanas, incluso generando más consenso que la polémica última temporada de Game of Thrones.

La producción de HBO (cuyos episodios se pueden ver en la plataforma HBO GO) lo tiene todo: cuidadosa en su reconstrucción del mayor desastre nuclear de la historia, la serie recrea la compleja realidad política de la Unión Soviética en 1986, acompañado de grandes actuaciones lideradas por Jared Harris, Stellan Skarsgard y Emily Watson.

Pero algunos medios han notado las imprecisiones y errores que ha cometido la serie en su análisis del acontecimiento histórico, más allá de inventar algunos personajes (lo que es normal). Aquí enumeramos algunas (obvio que hay spoilers). De todas formas hay que destacar que es una serie de televisión, no un documental, ni espera presentarse como tal.

La radiación no puede derribar helicópteros

En el tercer capítulo sucede uno de los momentos más impactantes de la serie. Un helicóptero tratando de apagar el incendio del reactor lanzando tierra desde el aire se acerca, contra todo concejo, demasiado cerca del centro de la radiación. Tras salir de la columna de humo, deja de funcionar y se desploma. La escena da a entender que la radiación era tan potente que derritió los controles del vehículo.

Según nota un artículo de la revista Forbes, eso es imposible. Sí, hubo un accidente de helicóptero en el reactor de Chernobyl, pero no fue por la radiación. La hélice del vehículo se enredó con una cadena y eso terminó provocando la tragedia. De hecho un documental recuperó el registro y capturó el momento, que resulta incluso más aterrador que lo mostrado en la serie.

 

Es muy poco probable que los científicos se hayan enfrentado al gobierno

Según explica un reportaje de The New Yorker, uno de los aspectos más fantasiosos de la serie es imaginar que los científicos protagonistas (interpretados por Jared Harris y Emily Watson, cuyo personaje además no existió), se atrevieron a, literalmente, golpear la mesa en las reuniones con las autoridades exigiendo contar la verdad y acciones concretas para contener el desastre. La cultura soviética simplemente no habría permitido algo así. Y va más allá del miedo a la autoridad: el adoctrinamiento era tal que es poco probable que un científico se enfrentara a su gobierno en ese tono. Lo más probable es que sólo hayan respondido lo que les hayan preguntado, y nada más.

De hecho, el heroico momento en que Legasov (Harris) decide contar la verdad sobre las fallas técnicas en los reactores nucleares de la Unión Soviética durante el juicio a los responsables de Chernobyl nunca ocurrió. De hecho, no estaba presente en el juicio. El científico no se suicidó posteriormente por el ostracismo obligado al que lo sometió la KGB (que tampoco ocurrió), sino justamente por la culpa de no haber nunca revelado la información real.

 

La radiación no se contagia persona a persona

Uno de los puntos que más discute la revista Forbes es la forma en que la serie representa el envenenamiento por radiación. Tras explotar el reactor, la producción muestra que quienes fueron trasladados a hospitales por efectos agudos de la radiación debían permanecer en cuarentena mientras agonizaban lenta y dolorosamente. Nadie más que las enfermeras podía acercarse a ellos. En un minuto, una enfermera toca a uno de los afectados, e inmediatamente su mano se hincha color rojo furioso. En otro, una mujer logra evadir los sistemas de seguridad para visitar a su marido y contarle que estaba embarazada, a pesar de las advertencias. El bebé termina absorbiendo la radiación y nueve meses después muere cuatro horas tras el parto.

Eso no pasó, ni puede pasar. La radiación no se transmite por estar en contacto con una persona envenenada, sobre todo si esta ya no tiene la vestimenta con la que estuvo expuesto/a. La razón por la que los afectados eran puestos en cuarentena era por cómo el envenenamiento afectaba sus sistemas inmunológicos, dejándolos expuestos a otras enfermedades. La radiación no es una enfermedad contagiosa, y no hay mucha evidencia sobre el efecto que tuvo sobre los embarazos. Sí generó un drástico aumento en el cáncer de tiroides en todas las personas menores de 18 para 1986. Pero las consecuencias sobre quienes no habían nacido son aún discutidas.