[NETFLIX] Las películas de La Vida Moderna de Rocko e Invasor Zim cuestionan tu nostalgia

[NETFLIX] Las películas de La Vida Moderna de Rocko e Invasor Zim cuestionan tu nostalgia

Dos de las producciones icónicas de la era dorada de Nickelodeon tienen nuevas entregas en Netflix que analizan su legado pero también las introduce al futuro.

Por Matías de la Maza.

Si creciste entre los 90 y comienzos de este Siglo, y tuviste la suerte de tener cable, es probable que hayas dedicado buena parte de tu consumo televisivo a ver Nickelodeon. Si fue así, viste dibujos animados considerablemente más extraños y hasta grotescos, con un humor que privilegiaba la rareza y el absurdo: desde la exagerada y asimétrica animación de La Vida Moderna de Rocko hasta la perturbadora estética de ¡Ay! Monstruos, Nickelodeon presentaba series animadas que hoy en día difícilmente podrían ser consideradas para niños. Incluso sus productos más inocentes, como Rugrats y Bob Esponja, tienen una importante cuota de humor ácido y sinsentido.

No es atípico que la compañía esté trayendo de regreso algunas de las series que dejó olvidadas en los 90 y la primera mitad de la década pasada: no sólo buena parte de esas series terminaron de forma abrupta, sin un final formal, sino que también la nostalgia por series de hace 15 o 20 años es cada vez más fuerte. Además, existe hoy una plataforma ideal para correr riesgos, sin preocuparse tanto de los números de audiencia: Netflix.

En la última semana, dos series de Nickelodeon estrenaron en la plataforma de streaming especiales de regreso: La Vida Moderna de Rocko (1993 – 1996) e Invasor Zim (2001 – 2006), producciones que comparten un ADN en su visión de un mundo decadente e incómodo, y un sentido del humor muy negro y bizarro.

La Vida Moderna de Rocko: Static Cling recupera la historia desde donde quedó hace más de 20 años: el Walabi parlante Rocko, junto a sus amigos Heffer, una vaca, y Filburt, una tortuga, están dos décadas flotando en el espacio luego de activar accidentalmente un cohete que atraviesa la casa del protagonista. Cuando finalmente logran retornar a la Tierra, Rocko encuentra un mundo muy distinto al que le es difícil adaptarse, con nueva tecnología, nuevas formas de entretenimiento y una realidad más agresiva. Lo más terrible es que cancelaron su dibujo animado favoritos: Los Cabezagorda. En un intento con recuperar algo de su vida en los 90, decide intentar lograr que reestrenen la serie.

En el caso Invasor Zim: El Poder del Florpus, también se recupera el fin inconcluso de la serie. Aquí el extraterrestre Zim, que de forma muy incompetente intenta destruir la Tierra, ha desaparecido un tiempo, lo que provoca la excesiva paranoia de su rival, el niño humano Dib, quien vive intentando convencer a sus compañeros de clase y su padre que el planeta está en peligro. Eventualmente llega el momento en que ambos se reencuentren y, por primera vez, el enfrentamiento realmente tiene el destino del mundo en juego.

Para cualquiera que haya extrañado todo este tiempo ambas series, los especiales son una buena dosis de placer nostálgico: ambas producciones (unidas en su ADN a pesar de haberse emitido con cinco años de diferencia) mantienen todos los elementos de los que nos enamoramos en un primer lugar, sobre todo ese delicioso absurdo, con bromas que no tienen ningún sentido más allá de lo gratuitas y raras que son. Tanto Rocko como Invasor Zim siguen siendo un refugio de cultura pop para los que no somos tan normales y nos reímos de cosas extrañas.

Pero lo llamativo de ambas películas es como también cuestionan la idea de nostalgia de quienes los vemos. El especial de Rocko es más explícito: toda la historia se basa en la inhabilidad de su protagonista de dejar ir el pasado y adaptarse al presente, que de todas formas tiene mucho que ofrecer. Enfrentar “el viento del cambio” (de forma literal). Porque siguen siendo los mismos personajes y el mismo humor, pero el mundo es muy distinto. Tiene que serlo, si han pasado 20 años. Y la historia encuentra la mejor forma de representarlo: explorando, de forma sorpresiva, pero con mucha empatía, la identidad de género de un personaje secundario.

En el caso de Invasor Zim, no hay referencias al paso del tiempo ni a los cambios sociales. Es justamente allí donde se descarta la nostalgia: la serie continúa como si hubiera pasado un día más de su cancelación, su historia se burla explícitamente de lo poco que le interesa cuánto la hayas extrañado o necesitado, y se rehúsa a hacer referencias a otras épocas. Sólo existe el presente.

No significa que no hayan avances sustanciales en sus personajes: por primera vez, Zim y Dib son obligados a aceptar que quizás sus tareas y misiones no son tan importantes como las imaginaban en sus cabezas.

De forma muy ingeniosa, hilarante (sobre todo el especial de Invasor Zim, que es sinónimo de carcajadas garantizadas) y siempre interesante, ambas películas evocan nostalgia sobre esa época en que las series animadas se atrevían con un humor distinto, pero al mismo tiempo recuerdan lo inútil que es quedarse añorando otros tiempos. Justifican su regreso al presentar oportunidades de futuro más que repasando glorias del pasado.