[RESEÑA] Animales Fantásticos 2 hace muy poco con tanta trama

[RESEÑA] Animales Fantásticos 2 hace muy poco con tanta trama

La nueva entrega en la saga del universo Harry Potter es su punto más bajo.

Los Crímenes de Grindelwald tiene demasiado pasando como para que nada importe. 

Por Matías de la Maza. 

Es una paradoja común: las mismas habilidades que te pueden hacer excelente para algo, son las que se transforman en un talón de Aquiles para otro aspecto. Es cosa de analizar a J.K Rowling: parte de lo que hizo a la saga literaria Harry Potter tan exitosa era la capacidad de la autora británica de armar un mundo tan completo y lleno de detalles.

Leer una novela del niño mago era de paso interiorizarse en la cotidianidad del ficticio mundo mágico: qué hacían en su día a día, dónde estudiaban, qué temas discutían en los pasillos, dónde iban a comer y qué comían, qué personajes habían formado parte importante de su historia, qué significaba cada símbolo. El mundo de Harry Potter tiene una mitología tan completa y rica que no es necesario ni estudiarla; a cada lector se le impregnaba incluso cuando estaba prestando más atención a la acción de cada novela que al detallado contexto en donde ocurrían.

Ese mismo estilo hizo tan fácil su adaptación cinematográfica a ocho exitosas películas entre 2001 y 2011: los libros tenían tanta información que había de sobra para elegir y sintetizar en una aventura para la pantalla grande.

El error de Warner (el estudio a cargo de las cintas) fue asumir que esa habilidad de Rowling era comparable a realizar guiones cinematográficos. Pero si algo demuestran Animales Fantásticos y Dónde Encontrarlos (2016) y Animales Fantásticos: Los crímenes de Grindelwald, que llega este jueves a las salas nacionales, es que como libretista, Rowling es una excelente novelista.

En la nueva saga, una precuela a las historias de Harry Potter que transcurre varias décadas antes de las aventuras del niño mago, Rowling no tiene novelas como base para adaptar la historia, sino que tiene que llevar sus ideas directamente a la pantalla grande. Y si la primera película tenía el pecado relativamente simple de ser algo olvidable, la segunda es derechamente caótica, en el peor de los sentidos.

Resumen: Animales Fantásticos: Los crímenes de Grindelwald transcurre en 1927, meses después de la primera película, con el mago oscuro Gellert Grindelwald (Johnny Depp) en custodia tras haber sido derrotado por el protagonista, el inocente zoólogo mágico Newt Scamander (Eddie Redmayne). Por supuesto, Grindelwald escapa en los primeros minutos de la película y comienza a rearmar sus fuerzas en su objetivo de dominar no sólo el mundo mágico, sino también a los no magos, a quienes considera inferiores, mientras busca al joven Creedence (Ezra Miller), quien es parte clave de su plan a largo plazo. A pedido de Albus Dumbledore (Jude Law), Scamander nuevamente debe darle caza a Grindelwald para evitar una amenaza global.

Pero la odisea del protagonista nunca sigue una ruta clara. Y en su intento por formar un mundo tan complejo como el de sus novelas, Rowling sobrecarga de demasiada información una película de dos horas y cuarto. A la trama mencionada se suman casi una decena de líneas argumentales; la compleja relación de Scamander con su hermano Theseus (Callum Turner), cuya prometida, Leta Lestrange (Zoe Kravitz) es un viejo amor del protagonista. Lestrange a su vez esconde un enredado secreto familiar con tantas aristas y giros que es casi imposible de seguir.

También está el viaje Creedence por descubrir sus orígenes, una conexión misteriosa entre Grindelwald y Dumbledore, los problemas de pareja entre Jacob (Dan Fogler) y Queenie (Alison Sudol), un humano y una bruja, y una serie de información importante sobre la historia del mundo mágico que resulta difícil de retener. Ahí también hay un detalle a considerar: la película es extremadamente agresiva con quien no esté profundamente familiarizado con el universo creado por Rowling. La cinta abusa en exceso de nombrar apellidos e iconografía que poco significan para un primerizo en la mitología Potter.

La trama va saltando tan radicalmente entre todas las cosas que considera importante que resulta difícil determinar exactamente de qué se trata al final Los crímenes de Grindelwald. Sólo cerca del clímax (que sale de la nada), la película introduce una idea que siempre ha fascinado a Rowling: como el fascismo puede manipular fácilmente el miedo y el descontento de las sociedades. Pero resulta muy poco, muy tarde.

Los pecados de la cinta no son sólo culpa de Rowling: el director David Yates, que dirigió cuatro películas de la saga original, con resultados que van desde lo aceptable hasta lo excelente, no logra dar con un estilo visual que haga destacar la historia, e incluso las escenas de acción, generalmente su fuerte, resultan confusas y poco inspiradas. Y la franquicia necesita urgentemente definir por qué Scamander es un personaje importante en este mundo. Incluso su habilidad de controlar criaturas increíbles pierde espacio en esta trama. La interpretación de Redmayne (ganador del Oscar) es encantadora, pero el protagonista siempre pareciera la parte menos relevante de la historia que Rowling quiere contar.

La cinta termina con un final que deja todo listo para la tercera parte (serán cinco cintas en total), pero que también provoca que todo lo que pasó en las últimas dos horas importe poco. Los Crímenes de Grindelwald deja la sensación de ser la peor película de las ya diez cintas que se han hecho del universo de Harry Potter. No es necesariamente un título fatal: la saga del niño mago también partió con dos entregas algo opacas, para luego dar un gran salto cualitativo a partir de su tercera película. Pero para que eso pase, es importante que Rowling entienda que una película no es un libro, y que a veces menos es más. O por último más coherente.