[RESEÑA] Star Wars: El Ascenso de Skywalker – Un desbalance en la Fuerza

[RESEÑA] Star Wars: El Ascenso de Skywalker – Un desbalance en la Fuerza

El capítulo final de la saga que comenzó en 1977 echa pie atrás con los riesgos tomados por su entrega anterior y se enfoca en satisfacer de forma transversal a sus fanáticos. El resultado es decepcionante. 

Por Matías de la Maza. 

En 2017 Disney hizo algo atípico y casi imposible para un gran estudio hollywoodense durante esta década: corrió un riesgo. No sólo eso, sino que apostó con una de las franquicias más exitosas, queridas y, por ende, menos arriesgadas de la historia; Star Wars. Dirigida por Rian Johnson (Looper, Entre Navajas y Secretos), el Episodio VIII: Los Últimos Jedi, era una deconstrucción de toda la mitología de la saga, cuestionando no sólo a sus personajes icónicos, sino que todo el sentido de una fuerza mística que sólo fuera patrimonio de cierto linaje.

Un riesgo con sus sobresaltos: la película incluía un intento de comentario social en una sección media algo intrascendente y lenta, que nunca termina de encajar en el puzzle de la película. Pero su ambición es digna de admirar, en una industria donde ese nivel autoral está en peligro de extinción. Si bien la cinta desafiaba a la férrea fanaticada de la franquicia, destruyendo todo lo que pensábamos saber sobre la dualidad de la Fuerza y el heroísmo de Luke Skywalker (Mark Hamill), también abría un sinfín de posibilidades fascinantes en un universo que necesitaba un remezón. También sacaba lo que deben ser las mejores actuaciones de toda la saga, y un espectáculo técnico de primer nivel en materia cinematográfica.

Entendiblemente el resultado fue divisivo: si bien la crítica elogió la cinta de forma casi unánime, entre el público más duro de la franquicia hubo tanto loas como rechazo a los sacrilegios de la cinta, y un grupo minoritario, pero ruidoso, generó una campaña en redes sociales para boicotear el puntaje de la película en sitios como Rotten Tomatoes, además de, en una muestra vergonzosa de racismo, criticar el casting diverso de la historia, sobre todo a la actriz de origen asiático Kelly Marie Tran, y su personaje, Rose Tico.

De forma menos entendible, Disney entró en pánico. A pesar de los buenos resultados de taquilla de Los Últimos Jedi, el fracaso de Han Solo: Una Historia de Star Wars (2018) puso a la compañía a replantearse toda su estrategia. Si la última película de la saga, Star Wars: El Ascenso de Skywalker, ya disponible en los cines chilenos, es un ejemplo de ese nuevo rumbo, entonces una cosa queda clara: los riesgos en la franquicia fueron algo de una sola vez. El estudio y Lucasfilm no quedaron nada contentos con que una de sus cintas generara tanta discusión y querían corregir el curso a como de lugar. La forma de hacerlo fue borrando de la existencia la película anterior.

El Ascenso de Skywalker es un intento de disculpas hacia los fans

Dirigida por J.J. Abrams (detrás de la excelente El Despertar de la Fuerza en 2015), El Ascenso de Skywalker no sólo cierra esta trilogía, sino que toda la historia de Star Wars como la conocemos, que tanto en su trilogía de 1977-1983 como en las precuelas de 1999-2005 y la actual historia, ha girado en torno a ese apellido. Primero Luke Skywalker, luego la historia de su padre, Anakin/Darth Vader, y ahora con Ben Solo Skywalker/Kylo Ren (Adam Driver), e incluso Rey (Daisy Ridley), cuya falta de apellido siempre ha generado teorías sobre su posible unión con el linaje más poderoso del universo.

Poco después de los eventos de Los Últimos Jedi, la guerra entre la Resistencia y la malvada Primera Orden entra en su fase final cuando el resurgimiento de una oscura fuerza del pasado inclina la balanza en favor de estos últimos. Mientras Rey, Finn (John Boyega), Poe Dameron (Oscar Isaac) y compañía buscan de forma desesperada dar con un artefacto que les puede dar una oportunidad frente a la destrucción total a manos de Kylo Ren.

La cinta es frenética y salta de planeta en planeta, priorizando escenas y secuencias cortas, mientras completan distintas misiones llenas de acción, con nuevos personajes y revelaciones amontonándose en el camino. Sobre todo revelaciones. Quienes acusaban a la película anterior de no responder preguntas en torno a los grandes misterios de la saga, estarán probablemente complacidos acá. Porque incluso hay respuestas a preguntas que nadie se había planteado.

Nadie puede criticar que la película sea poco ágil. A diferencia de todas las otras películas de Star Wars, no hay tiempos muertos. Pero la ausencia de estos también implica poco o nulo desarrollo de personajes, y la falta de espacio para la emotividad; que toda la acción tenga un peso o un sentido. En El Regreso del Jedi, la tercera y más imperfecta parte de la trilogía original, está lleno de momentos calmos de diálogo. Son estos encuentros y conversaciones los que le dan un pulso emocional a la batalla final entre Luke y Darth Vader. Aquí, el clímax es explosivo, pero nunca mágico o emotivo.

Antes que nada, el Ascenso de Skywalker es también una suerte de disculpas de Lucasfilm y Disney a parte de los fanáticos de la saga (uno podría argumentar que la parte equivocada, pero estaríamos aquí hasta mañana). Que entienden que Los Últimos Jedi fue un experimento que fue demasiado lejos. Que ahora sí tienen en cuenta lo que ellos quieren ver y saber de estos personajes. Por lo menos, lo que creen que quieren saber.

El problema de saltarse todos los puntos desarrollados en el capítulo medio de la trilogía (el hecho más obvio es la desaparición casi total de Rose Tico) es que la historia, por más entretenida que sea, apenas hace sentido. Todas las revelaciones se sienten antojadizas o apuradas; un intento de último minuto de sorprender a costa de la lógica de la misma trama.

Lo que funciona es lo de siempre: Daisy Ridley y Adam Driver (sobre todo este último), como en toda la saga, están extraordinarios, agregándole una necesaria cuota de humanidad a una historia demasiado preocupada en su forma que se olvida del fondo. La química y dualidad entre Rey y Kylo Ren fueron siempre el corazón de esta trilogía, y aquí ese confrontamiento es resuelto de forma emotiva y satisfactoria.

Ese es el único atisbo de genuina emoción en una película tristemente ausente de magia, donde todo lo demás parece calculado en base a conclusiones de un focus group de fanáticos, más que guiado por decisiones creativas de los cineastas. La cinta es quizás el mejor argumento de Scorsese contra Hollywood y las superproducciones; lo que sucede cuando lo que prima es el marketing y el peso de una corporación sobre el cine.

El Despertar de la Fuerza (la mejor de esta nueva trilogía) se sostenía fuertemente en la nostalgia, pero también en presentar nuevos personajes encantadores y empáticos. Los Últimos Jedi desafiaba lo que considerábamos importante en esta historia, abriendo el universo hacia direcciones distintas y emocionantes. El Ascenso de Skywalker es un retroceso hacia una zona de confort, agotada de ideas nuevas, y sobrecalculada hasta el punto de poner en duda el sentido de hacer una nueva trilogía. Cumple en la entretención y el espectáculo, pero como cierre a una saga en la que muchos han invertido más de 40 años de corazón, se siente como una entrega menor.