[Stan Lee 1922-2018] La leyenda del cómic cuyo mejor personaje fue él mismo

[Stan Lee 1922-2018] La leyenda del cómic cuyo mejor personaje fue él mismo

Stan Lee falleció ayer a los 95 años. El escritor entendió como nadie la necesidad de darle una cara a los cómics para hacerlos más empáticos.

Ninguna otra figura de la industria logró trascender tanto en la cultura pop. 

Por Matías de la Maza. 

En los diez años desde su estreno, el tiempo no ha reivindicado Spider-Man 3. No hay forma de obviar sus pecados: es un desastre en términos de tono, tiene demasiados villanos y a quien se le haya ocurrido que Topher “That’s 70s Show” Grace era un buen antagonista probablemente debería dedicarse a otra cosa. Pero la película tiene quizás el momento más importante y definitivo en la trilogía cinematográfica de Sam Raimi a cargo del personaje: Stan Lee se encuentra a Peter Parker y le dice: “supongo que una sola persona sí puede hacer la diferencia… eso es todo”.

Un recurso algo obvio, pero que resumen el espíritu del creador de cómics más transversal del Siglo XX. Al final del día, e incluso en medio de la tragedia, una persona puede realizar cosas extraordinarias si es que se lo propone. Un idealismo que Stanley Lieber (el verdadero nombre del autor) le inculcó a todas sus creaciones, pero nunca de forma más evidente que en el Hombre Araña, un héroe al que podías golpear en el piso una y otra vez, y siempre se iba a levantar, sonriente.

Ese espíritu de aventura y optimismo empedernido eran las bases de las creaciones de Lee, un artista determinado a ofrecer el mejor escapismo posible en un mundo cada vez más complejo. “Si eres capaz de entretener a la gente, estás haciendo bien”, decía. Pero ese entretenimiento lo consiguió justamente transformando en personas reales a personajes imposibles. Los 4 Fantásticos, los X-Men, Spider-Man y sus demás creaciones tenían problemas personales, familias, vidas cotidianas que tenían que balancear con poderes extraordinarios. Por sobre todo, eran distintos; Lee sentía una particular predilección por los parias y los excluidos. Eran personas que podías conocer, pero con la capacidad de cambiar el mundo.

La fuerza creativa de Lee fue más allá de personajes complejos con problemas reales. Entendiendo el potencial tanto narrativo como comercial de sus personajes, el autor cimentó la idea de que todos sus personajes existían en un mismo universo ficticio, el Universo Marvel, en donde Iron Man podía aparecer en las páginas de la historieta del Capitán América, o Spider-Man encontrarse a Los 4 Fantásticos. Una dinámica fundamental para el imperio que décadas después construiría Marvel en el cine.

Poder y responsabilidad

El éxito le llegó a Lee en los años 60, cuando ya llevaba casi dos décadas en la empresa que se transformaría en Marvel Comics, y él mismo bordeaba los 40. Fue un camino tormentoso el asumirse como escritor de historietas: sus frustrados sueños de novelista le impedían aceptar su trabajo sin sentir una profunda vergüenza, por lo que firmaba con un seudónimo, esperando algún día publicar libros como Stanley Lieber.

Pero finalmente, en Stan Lee, Lieber terminaría encontrando su mejor personaje. Un hombre que representaba el espíritu de los cómics que creaba: idealista, enérgico y capaz de proezas extraordinarias. Por sobre todo, un convencido en las capacidades del hombre común.

Un personaje que no se construyó del azar: el artista se preocupó cuidadosamente de transformarse en la cara de Marvel y en sinónimo del mundo de las historietas. Su contacto con fanáticos era frecuente y directo a través de correspondencia, y a medida que sus creaciones alcanzaban mayor y mayor éxito, su nombre aparecía cada vez más grande en sus portadas. En cada entrevista, se mostraba afable y encantador, sumado a un look característico que apenas varió en décadas. Para Lee, el defender y promocionar su medio iban de la mano con promocionarse a sí mismo.

Si ese hombre eternamente bonachón y entusiasta era el verdadero Stan Lee, es un misterio. Su carrera no está exenta de claroscuros: sus principales socios creativos de los años 60, Jack Kirby y Steve Ditko, terminaron distanciándose de él, y Lee comenzó a hacerse fama por negar el justo reconocimiento a quienes lo ayudaron (y muchas veces hicieron el levantamiento pesado) en su proceso creativo. Sus reales méritos al momento de crear sus personajes más icónicos han sido debatidos en más de una vez, y durante años, una parte de la industria lo consideró poco más que un autopromotor; un hombre dispuesto a ser el único rostro de un proceso que involucró a muchos más nombres.

Pero los méritos de Lee para entender su medio y cimentar una comunidad son innegables. Durante los años 60 y 70 apuntó fuertemente a los intereses de los jóvenes y se preocupó de generar un sentido de pertenencia especial a cualquiera que leyera los cómics de Marvel: se transformó en invitado permanente en cualquier evento de fanáticos posible, incluyendo las primeras Comic Con, y nunca se negó a firmar un autógrafo a cualquiera que lo reconociera. “Si una persona aprecia lo que haces, y quiere una foto o un autógrafo, es algo gratificante, y tienes que ser agradecido”, declararía a USA Today en 2013, describiendo su filosofía.

Cuando Marvel saltó a la televisión y posteriormente al cine, ahí estaba Stan Lee, listo para explorar otra oportunidad. Su rostro se transformó en el hilo conductor de casi treinta años de adaptaciones, desde la serie animada de Spider-Man hasta cada película de sus personajes en conquistar la pantalla grande. Su trabajo como escritor regular de cómics se terminó en 1972, pero nunca dejó de ser la principal herramienta de mercadeo de Marvel.

Su estatus de rockstar prácticamente no decreció nunca. Al contrario: en la última década de su vida, sólo vio el mito en torno a su figura aumentar, gracias a la invasión de los superhéroes al mundo del entretenimiento mainstream gracias a su salto de calidad en el cine, con la mayoría de los personajes más exitosos de la pantalla grande teniendo la firma de Lee.

Al final, Stan Lee fue un personaje más grande que un simple ser humano. Si se piensa en Stan Lee, su figura debería estar al lado de esos personajes imposibles pero extraordinarios: Spider-Man, Hulk, Thor, Wolverine, Pantera Negra, Iron Man. Quizás nunca conocimos al Stan Lee real, pero sí conocimos sus habilidades extraordinarias. Y, al final, quizás no importa quien era verdaderamente Stanley Lieber. Spider-Man no es real, y no por eso es loco decir que su existencia hizo que este mundo fuera mejor. Al final, una sola persona sí puede hacer la diferencia. Si esa persona existe o no, termina siendo algo anecdótico en el contexto de esta historia.